El dinero en sí mismo no tiene valor a menos que su fin sea de utilidad a uno, o preferiblemente a muchos. Tal es el caso de don Carmelo de Jesús que, así como don Radamés y otros buenos puertorriqueños, se unen al llamado de donar unas breves horas de su tiempo en Librería Loíza.

“Ya tú verá, poco a poco todo se da con el favor de Dios”, repite Carmelo de cuando en cuando, vuelve y mira: “Ah, eso yo lo hago ya mismo. Si me consigue a alguien que me ayude a empañetar, lo hacemos n un día, como mucho dos”, reitera el residente y nativo de la comunidad El Mamey en Loíza. Vuelve y empañeta, saca otro poco, alguna arena de Loíza “es que esta arena es buena, no en balde se llevaron tanto”, subraya.  Fue tanta y tanta la arena que se llevaron, que se han formado extensos lagos artificiales, hoy poblados de yagaretas, especie endémica. Todo dentro del divino pueblo de Loíza.

Don Radamés, moroveño de nación, loiceño por amor, a bien y con amor dirige la obra, que planifica llevar a su término en lo que compete a la electricidad. “Si te fuera a cobrar, te cobrara tanto”, comenta.

Diez veces tanto digo yo, don Radamés, diez veces. Gracias gracias.SAM_2320.JPG

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