Choco Orta: Espectacular en el Día de la Salsa

Los organizadores del Día Nacional de la Salsa que tradicionalmente se celebra cada año en el Estadio Hiram Bithorn dejaron pasar la magnífica oportunidad de capitalizar en la figura de la veterana salsera Choco Orta, quien al momento se ubica como la primera sonera de la Isla.  Por razones que no parecen estar claras, Choco tuvo una brevísima pero significativa intervención en la que aportó todo su sabor y su buena vibra.

Una de las canciones que Choco incluyó en su apretado repertorio, “Ahora Mismo” representó una de las interpretaciones más breves de la artista.  El tema original le toma a la artista unos once minutos pero en la tarima cotizada de la Zeta ese número se fue en unos cuatro minutos. Choco tampoco tuvo oportunidad de tocar su famosa conga.  La cantante habría sido precedida por la orquesta de Pete Perigñón que también hizo galas con su sonido limpio y afincao y con su profesional imagen.

El asunto de la limitada pero magistral participación de Choco refleja sobre la mentalidad de los organizadores, o cómo delimitamos las categorías.  Que no se trata de que Choco Orta sea negra, o sea mujer, o tenga la preferencia sexual que tenga. Quizá se trate de que Choco Orta no es la mujer que una sociedad que basa su perspectiva en ciertas definiciones prejuiciadas, entienda que una mujer debe ser.

Como tantas otras miles y millones de mujeres en Puerto Rico y alrededor del mundo, Choco no se amolda a la norma.  Choco no es una mujer frágil, pero es una mujer delicada.  Choco puede tener contradicciones, como nadie las tiene en el mundo salsero. En una época en la que otros cantantes se adscriben a la disciplina de alterar sus emociones mediante el uso descontrolado de sustancias controladas, Choco se adscribe al budismo y a dietas veganas. Definitivamente, dentro del mundo de la salsa, la Choco no conforma la norma.

Que si ha dicho cosas que no son, que nuestras percepciones pueden alterar ciertas realidades, no quita al indiscutible talento de esta gran dama y compañera de luchas. Choco es de las pocas artistas puertorriqueñas que hace uso de la poca visibilidad que le dan para adelantar la lucha colectiva de la causa negrista.  O sea, que hasta de la poca luz que le arrojan, ella comparte.

Darle la tarde a una artista de la talla de Choco Orta que, reitero, independientemente de pormenores y anécdotas que la tildarían de santa en comparación a las orgías y las prostituciones y los adulterios y los robos y las payolas del resto, merece que le extiendan la alfombra roja del País de las Maravillas.

La reina, la diva, en esta vida, porque le toca, porque es justicia. Ser bueno con el que es bueno contigo no te hace una buena persona.  Esa es la diferencia de personas de la talla de Choco Orta.  Pero su corillo de la 25 estuvo ahí. Y por supuesto que hablar de estadísticas cuando las emociones nublan no es buena idea, sí es cierto que muchos se fueron tan pronto esta gran mujer terminó su espectacular presentación en la que bailó y conversó con su público.

Dos veces el Búho Loco pidió dos series de aplausos para Pete Perigñón y para Choco Orta. Las dos veces los aplausos para Choco rebasaban por mucho los aplausos para Pete Perigñón. Indirectamente medir el talento de una diva de nuestra música tropical a una banda que aunque excelente y con herencia sólida, apenas comienza, resulta añadirle humillación a la vergüenza. La orquesta de Pete Perigñón debe sentirse honrada de contar entre su haber el acompañar a un talento del calibre de Choco Orta, un verdadero talento de peso completo.  Y muy bien que se ve la Choco a sus 54.

A mi alrededor se arremolinaban los hombres entre sí, y escuché a uno gritar: “¡El año que viene no vuelve!” Mientras él gritaba tales improperios, las mujeres a otro lado cantaban a todo pulmón con la Choco: “¡Recoge tus cuatro trapos y vete!”

Choco es una voz de la mujer.  Permitir que silencien esta voz es silenciar la voz femenina. No la versión femenina que el hombre insiste en que la mujer debe ser.  ¿Quién le dice a un hombre cómo un hombre debe ser? Le toca a la mujer mostrarle al hombre cómo se es ser mujer. Por alguna extraña razón, el hombre pensó que le toca a él decidirlo.  Escuche a Choco Orta y si le ve talento, dele espacio porque la cultura puertorriqueña no es lo que el hombre blanco quiso.

Otro número que tuvo oportunidad de cantar fue “Severa”.  Aquello se quería caer y tempranito.  La Zeta le dio a la chica de la tarde que es nueva, que cumple la agenda machista, a esa la puso dizque al nivel de Celia Cruz. Si eso no es una falta de respeto.  Y como si la India no existiera.  Johnny RIvera, que cantó después de Choco, tuvo para cantar unas diez melodías. Temas más que gastados por la payola que no existe. Fue como sintonizar a la Zeta cualquier día de semana.

¿Me quieren explicar para qué hicieron falta los bailarines? Me llevaron a los tiempos de Salsa con Chispa, me acordé tanto de Maritza Medina…  Pero Choco Orta no necesitaba bailarines allí. Y hubiese quedado mejor si se hubiesen puesto de acuerdo en los colores del vestuario, porque a la verdad que los bailarines de púrpura y amarillo, y Choco de rojo y otro tono de amarillo, era como que innecesario.

El grueso del público se fue entre la intervención de Johnny Rivera y luego la de Charlie Aponte, que incluyó entre los ocho temas que tocó, cuatro de El Gran Combo, así que con Charlie se sale ganando un dos por uno.  Ya cuando le tocó el turno a Charlie yo estaba de regreso a mi realidad, escuchando desde el parking.

Sugerencias generales: agrupar los nombres más fuertes para la noche hace del turno uno mucho más duro para el salsero que viene cargando con sombrillas y sillitas. El que sabe sabe.  Si el salsero ve grupos flojos o muy comerciales, va a hacer su programa para sacarle el jugo a su presupuesto porque difícil se queda nadie en un sitio doce horas a fuerza de medalla y no hay cama pa tanta gente.  De otro lado, unos letreros que indiquen por dónde se sale se agradecen en el alma.

Me dicen que la participación de Roberto Roena también estuvo espectacular, pero que qué lástima que a Lalo Rodríguez no se le diera más espacio.  Otro detalle fue que dejaron ir a Choco sin darle siquiera un reconocimiento ni un arreglo de flores.  Luego de 28 años pidiendo un turno, no le dan a esta veterana de la salsa y artista probada ni 28 minutos. Perdieron una gran oportunidad de demostrar lo galante que puede ser una industria hacia la mujer.  Tanto bailarín y no apareció uno que la escoltara fuera de tarima.  La Zeta perdió una gran oportunidad de engrandecerse mediante un merecido homenaje a la gran Choco Orta que, gústele a quien le guste, es representante de la mujer negra y puertorriqueña que también compra discos aparte de hacer la compra. Choco es la mujer que anda sola como sola anduvo Ivania Zayas. Luchadora como Adolfina Villanueva, reclamando el espacio que por derecho le corresponde, nos corresponde. Aplausos para la gran Choco Orta y vayan estas breves líneas como un humilde agradecimiento a su gran gesta.

 

 

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